Las condiciones actuales de la existencia y la vida en el planeta Tierra (depredación de la naturaleza, cambio climático, guerra generalizada entre bloques y naciones, opresión, violencia, explotación, dependencia, etc.) ponen en riesgo permanente a las manifestaciones de la vida humana en el mundo y a la existencia como fundamento, a la vez que cuestionan la racionalidad humana. Cada día se plantea la necesidad de re-pensar los determinantes de la existencia, de la vida y de la razón humana, tal como las conocemos.
Pensar los determinantes de la existencia, la vida y la razón en los tiempos presentes, sus significados, despliegues, formulaciones teóricas y prácticas…, corresponde a la “ciencia” que busca los fundamentos o el sentido (origen, arché, ousía, principio, esencia, sustancia) de las cosas: la filosofía. Las preguntas fundamentales que esta disciplina formuló desde sus inicios: ¿quiénes somos?, ¿por qué existimos?, ¿de dónde venimos?, ¿cómo vivimos?, ¿a dónde nos dirigimos?, etc., necesitan ser re-formuladas para averiguar su actual y verdadero significado, sus alcances, posibilidades y límites.
Esta re-formulación es particularmente urgente en ámbitos de este planeta como el Sur Global (y dentro de él, América Latina y Ecuador) que enfrentan, además de las determinaciones señaladas, las de la colonialidad, la dependencia, el subdesarrollo, la inequidad social, el irrespeto hacia las grandes potencias a sus riquezas materiales, a sus identidades, lenguajes, culturas, formas de organización, costumbres, etc. Entendemos y sentimos, percibimos y experimentamos, la necesidad de una razón crítica que re-piense las condiciones objetivas y subjetivas de la existencia, la vida y la propia razón. Pero este re-pensar no puede quedar librado a la buena voluntad de unos pocos individuos, sino que debe ser abordado de forma sistemática por instituciones (como las universidades), escuelas de pensamiento, redes o grupos que se propongan expresamente esta tarea.

Una filosofía en los términos mencionados, tendría que pensar las condiciones de posibilidad de una vida racional, libre, con plena consciencia de sí, de los otros, de la naturaleza, del mundo. Su punto de partida se encuentra en el contexto natural, social, económico, político, cultural, en el que se piensa. Buscar el significado de lo que vemos, pensamos, sentimos, hacemos, proyectamos y de cómo eso nos ha alejado u ocultado del sentido y valores originarios de la existencia y la vida, esa es la tarea de la filosofía.
La existencia y vida humanas llevan como marcas originarias la racionalidad, el conocimiento, la libertad, la autorrealización, la finitud, la sociabilidad, la singularidad universal de los sujetos (Kant, Sartre), etc. Sin embargo, el despliegue histórico de estos valores esenciales ha estado lleno de vicisitudes que ocultaban, contradecían, tergiversaban, olvidaban este sentido originario. En el balance histórico de la humanidad, los avances en racionalidad (ciencia, técnica, libertad, autodeterminación…) no han producido la desaparición de los equívocos, las contradicciones, las irracionalidades, las exclusiones… El hecho real es que este “pasivo” del desarrollo humano pesa más que los aciertos y la humanidad se balancea ahora mismo ante el peligro de un acto o una serie de actos de poder por parte de las grandes potencias hegemónicas que pueden afectar definitivamente a la existencia y a la vida humanas. Ante la constatación de esta realidad presente y del asombro (temor, conflicto, contrariedad, resignación…) que provoca, le corresponde a la filosofía indagar los caminos que conduzcan a re-pensar el sentido del mundo, del ser humano, de los sistemas económicos y políticos, de la cultura, etc. El hombre se convierte, bajo esta perspectiva, en el guardián de la propia existencia y la vida.
¿Cómo re-pensar el sentido de la existencia y la vida? Creando posibilidades para una vida filosófica. ¿Qué es una “vida filosófica”? No es vivir según ideas, principios, valores que se han desarrollado en la historia universal de la humanidad, tanto en Oriente como en Occidente (Budismo, Confusionismo, Taoísmo, Hinduismo, Aristotelismo, Estoicismo, Epicureísmo, Cristianismo, Judaísmo, Islam, Pragmatismo, Existencialismo, Humanismo secular, etc.).
Una vida filosófica es la que busca (momento teórico) abrir o esclarecer el/los camino(s) que conduzcan a un des-velamiento, un re-posicionamiento y una re-valorización de la existencia y la vida como fundamentos de lo dado; es la que define con su propio vivir (momento teórico-práctico) las propiedades ya enunciadas de tales fundamentos: racionalidad, libertad, autenticidad, equidad, humanismo, etc.; es la que realiza las acciones que lleven a la realidad cotidiana (momento práctico) las tareas anteriores. Una vida filosófica es al mismo tiempo una filosofía como arte de vivir.
Toda filosofía es práctica, decía Sartre, y la especulación pura o el teoreticismo academicista en el que ha caído la filosofía es una forma de ocultar la vida y evadir nuestro compromiso fundamental con ella. Esto no quiere decir que la filosofía como arte de vivir renuncie a la abstracción, la sistematicidad, la rigurosidad del pensamiento, sino que convierte todas esas instancias del pensar en un modo de vivir que se despliega como búsqueda, desvelamiento y re-orientación hacia el sentido y el valor originarios de la vida. La filosofía y los filósofos que logran hacer eso se afianzan en el mundo teorético pero también se abren al mundo práctico como servicio de acompañamiento o asistencia a otros seres humanos que han extraviado, confundido o tergiversado (entre éstos los académicos que cultivan una filosofía meramente teoreticista) el sentido fundamental de la existencia, que no es otro que el existir para-sí y para los otros, el ser consciente de ello, el proyectarse al mundo y a los demás.
Una Escuela o una Red de pensamiento abre posibilidades para que ideas de este talante no estén lejanas del horizonte de su pensar y hacer, de su investigar y producir, de su manifestarse en el mundo.
